No puedo creer que esté escribiendo esto...
Mi bebechin.. tu llegada fue especial, y tu partida también lo ha sido. Anoche estabas especialmente mimosón, como si supieras que no nos volveríamos a ver... incluso me llamaste al verme salir de la habitación, y cuando me viste entrar diste saltitos de alegría como si te hubiera dado un pop-corning.. te subiste a mis brazos, a mi hombro, me hiciste cosquillas con tu morrito... y yo, burra de mí, no pensaba que me decías adiós... querías estar en bracitos hasta el final. Y en bracitos te me has ido.
Mi angelito de terciopelo, tú me enseñaste porqué las chinchis tienen esa fama de cariñosas, con tus mimos, tus miradas tiernas, tus paseos encima de los hombros... pero la enfermedad ha podido contigo y te ha arrebatado de mis manos de la forma más cruel e inesperada. Suerte que puedo recordar lo bonito que eras en las fotos, porque verte así de delgado, sin pelo en el morro, manchado de mocos... se me partía el alma. Y ahora que parecías mejorar, habías vuelto a perder peso y esta vez no has podido seguir adelante.
Te echaré mucho de menos mi bebé-chin. Las lágrimas están dando buena fe de ello. Adiós cariño

